I.

Esta es la historia de cómo he llegado a estar aquí y no en otro lugar. Empieza hace unos seis meses a 17 km de Barcelona y, de momento, acaba ahora, a 37 km de París, pero cuando se acelera y pone más interesante es en esta última semana.

Antes, había pensado en ir de Erasmus en algún momento y a algún lugar, como quien piensa en irse a las Canarias cuando se jubile o a las Seychelles cuando le toque la lotería. En algún momento a principios del curso pasado llegué a la conclusión de que el momento para marcharme era tercero: no quería irme el último año (mejor disfrutarlo con la clase) y, francamente, no había pensado en la posibilidad de usar un “quinto” año para hacer créditos de libre elección de Erasmus. Estratégicamente, probablemente no fuera la mejor decisión, pero es la que fue.

Entonces –se aproxima una catástrofe–, leo en algún lugar (ya que las universidades, como todo el mundo sabe, al menos en la mía, han sido construidas para albergar paneles informativos que a su vez albergan carteles de no llega uno a imaginarse qué cosas) que el plazo para inscribirse en el programa de intercambios ya había pasado. Pues nada. Después de insultarme y lamentarme interior pero repetidamente y de proponerme ser más ordenado con mis planes por enésima vez, me resigno. Y todo para nada, ¡ya que el plazo no se había acabado! De eso me entero porque me lo dice, como quien no quiere la cosa, un amigo y compañero de clase y grupos de trabajo.

Supongo que con eso me hizo un favor, pero durante gran parte del tiempo entre ese día y hoy he pensado que fue más bien una gran faena. El caso es que, con una o dos reuniones informativas por medio, heme ahí decidido para pedir plaza en Milán… hasta aproximadamente dos horas antes de que acabara el plazo de petición. A pesar de haber decidido ir a Milán, una pregunta me reconcomía: ¿será mejor ir a las afueras de París que dentro de Milán? Después de escuchármela interiormente millones de veces, y a pesar de haber buscado información de los dos sitios –yo, oh pobre de mí, por entonces no conocía ni una ciudad ni la otra– no lo sabía. Así que me dediqué a hacer llamadas telefónicas pidiendo consejo.

Así que media hora antes de que cierre el plazo decido venir a las afueras de París. Concretamente, a Cergy-Pontoise, una especie de ciudad mediana creada a partir de pequeños pueblos para recoger a la población que [elija usted su propia respuesta: ] no cabía / no podía permitirse una vivienda / no era bienvenida en el centro de París. ¡Y ahí es donde estoy ahora!

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