II.

Una vez tomada irrevocablemente –en principio– la decisión de pedir plaza de intercambio en Cergy-Pontoise, mi verdadero camino del calvario particular había comenzado. Se trataba, en primer lugar, de estudiar francés para conseguir la acreditación de nivel correspondiente para poder acceder a la plaza; en segundo lugar, de esperar las notas del examen (resultado: apto) y, en tercer lugar y de manera más importante, de leer y rellenar un millón de papeles y documentos digitales o, al menos intentarlo: una vez te dan la plaza en el programa Erasmus, tienes que buscarte la vida para conseguir que te convaliden asignaturas, a pesar de la figura del asesor correspondiente que. Por deficiencias en la organización del sistema, eso queda en tus manos.

En mi caso, además y para buscarme más las cosquillas, las asignaturas en ambas universidades eran bastante diferentes por malentendidos administrativos previos, por lo que se me ponían principalmente dos nuevas alternativas sobre la mesa: buscar otra universidad –a esas alturas del juego– o dejar el intercambio. Al final, no escogí ninguna de ellas, encontré  asignaturas convalidables en la universidad de Cergy-Pontoise con las de mi carrera en la UAB y seguí para adelante. Aún me quedaban cien papeles por rellenar…

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