Artenaría.

Un miembro de mi familia, con arraigo en el grancanario municipio de Artenara, me pregunta si a la cualidad de pertenecer a este municipio, de sentirse parte de él y quererlo, conviene más llamarla artenaridad o artenariedad, con diferentes sufijos -idad / -iedad sobre la raíz artenar-.

La construcción de neologismos es una tarea que recae en última instancia en quien decide emprenderla, dentro del cumplimiento de las pocas reglas implícitas obligatorias del idioma (como el elenco de sus formantes -fonológicos, morfológicos…- en un momento dado, etc.). No obstante, la coherencia de un neologismo con los patrones existentes es la lengua es uno de los factores que influirán a la hora de su percepción como correcto y su asentamiento de hecho como parte del corpus lingüístico corriente.

La Real Academia Española, en su Nueva Gramática (2009; §6.1a), define el sufijo –dad (con sus variantes –dad, –edad, –idad y –tad) como un sufijo sustantivador a partir de adjetivos, esto es: un sufijo que se une a adjetivos para formar sustantivos, con la connotación principal de “cualidad abstracta” de lo que denota el adjetivo.

En consecuencia, para formar un tal sustantivo a partir de Artenara, otro sustantivo, los mecanismos existentes en el idioma requieren una base adjetival derivada, como artenarense, a la que añadir una de las posibles variantes de -dad. Entre estas, es -idad la que conserva en el análisis sincrónico (esto es: en el español de hoy en día) la posibilidad de creación de nuevas palabras (cf. §6.1b, §6.1j y §6.1l).

Por lo tanto, el sustantivo Artenara se combina, de la mejor manera, con el sufijo -dad, mediante la forma artenarensidad. Sin embargo, la lengua ofrece otras posibilidades, como la innovación morfológica más allá de la semántica (de vuelta a artenari(e)dad), o el uso de otros sufijos, como -ía, con los análogos ya registrados asturianía, mexicanía, colombianía… (v. §6.3c), que, además, permite el uso de bases sustantivas y adjetivas y, por tanto, los derivados artenaría y artenarensía.

En conclusión, cada una de estas formas cuenta con alguna ventaja (como la adaptación más o menos directa a la morfología compositiva de la lengua,  la analogía con formas cercanas geográfica o semánticamente), por lo que, mientras todas ellas se encuentren en el dominio de los neologismos, corresponde a cada uno decidir su preferencia. La mía, en el título.

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