Conversaciones biotecnológicas, I. La medicina alternativa.

En el espíritu formal de los primeros filósofos griegos –acercarnos al conocimiento mediante el diálogo escrito– y en el que dio nombre a las famosas Conversaciones filológicas de Pompeu Fabra, principal normalizador del catalán a principios del siglo pasado, traigo a este blog diversas series de conversaciones que comenzarán aquí. En este caso, transcribo un diálogo entre Daniel Durantes y un servidor, ambos biotecnólogos de formación, sobre la (mal) llamada medicina alternativa. Esta se encuentra ahora especialmente en boca de muchos a raíz de la publicación del libro Medicina sin engaños de José Miguel Mulet (@jmmulet), famoso científico y divulgador, especialmente contrario a los productos naturales y las terapias alternativas y favorable a la biotecnología alimentaria.

Aunque coincido en lo esencial con Mulet, con cierta frecuencia percibo una deriva desde la actitud escéptica, objetiva y procientífica, hacia la que podríamos llamar –como no dudó en hacer Fernando Sánchez Dragó en la columna que le dedicó a Mulet a raíz de su último libro– dogmática de la ciencia. Esta Conversación nace como herramienta divulgativa de superación de este dogma, a partir del desencuentro entre una opinión aparentemente más cercana a él y otra más lejana, aunque siempre evitándolo.

— Medicina solo hay una, la de verdad.

— ¿No se dan curaciones fuera de este tipo de medicina?

— Yo diría recuperación, más bien… El tema está en que un placebo te puede curar o hacer que te recuperes, pero no deberían venderlo a precio de oro.

— Pero la medicina natural [con la que me quiero referir a la fitoterapia] cura más allá del placebo, a pesar de que no se pueda demostrar con rigor estadístico dadas las mezclas incontrolables de principios activos y excipientes… Si no curara, probablemente no tendríamos aspirina, paclitaxel, antibióticos…

— La medicina no puede ser natural porque es un acto humano, no hay medicina en la naturaleza. Y si no se puede demostrar con rigor científico, no es ciencia. Que la gente le ponga el nombre de medicina natural no lo hace mejor. Además, hablas de mezclas incontrolables. La aspirina o los antibióticos que tomamos son sintéticos, ya que aislamos el principio activo que nos interesa para introducirlo en nuestro cuerpo…

— Sin emabargo, que no sea parte de la ciencia no implica que, en determinados casos, estas terapias curen… Como contraejemplo al tuyo: hay muchos medicamentos cuyo efecto no puede ser demostrado hasta tener grandes muestras en ensayos clínicos, debido a que su efecto es muy pequeño o se confunde debido al trasfondo genético. Eso no implica que, antes de que se demuestre su efecto beneficioso, no lo fueran. Las muestras “naturales” son aún más complejas, lo que requeriría cohortes (grupos de estudio) aún más amplias, de manera que esta eficacia quizá simplemente no se haya podido demostrar estadísticamente, pero está ahí. ¿O me dirás que, por ejemplo, un preparado de sauce no produce recuperaciones de dolor de cabeza…?

— Si no está demostrada su eficacia mediante ensayos clínicos, no es un medicamento, y por lo tanto no podemos decir que sea medicina ni que cure con total seguridad.

— ¡Yo no he dicho que se cure con total seguridad, en todos los casos! Pero, a veces, se cura… ¿Por qué? En el caso del preparado de sauce: porque tiene ácido acetilsalicílico. Evidentemente, si aíslas el principio activo, reduces el ruido estadístico debido a acciones moleculares de principios no activos (luego, puedes demostrarlo científicamente), y te aseguras de que estos segundos principios no den efectos adversos indeseados. Pero eso no quita (¡evidentemente!) que el ácido salicílico del preparado de sauce haga remitir el dolor de cabeza de la misma manera que la aspirina (aunque en menor concentración), y no, como apuntabas, por efecto placebo…

— Es cierto lo que dices del sauce, pero yo prefiero tomarme una aspirina, que no es natural, pero me fío mas, ya que ha sido sometida a estudios clínicos no solo de eficacia, sino también de seguridad. La cosa está en saber diferenciar y poder elegir con seguridad la mejor forma (y a veces la unica) de tratarse una enfermedad. Y que no nos vendan gato por liebre.

— En eso también estamos de acuerdo. Yo también prefiero la aspirina al sauce, porque su efecto y su seguridad –relativa– están demostrados y, además, los puedo percibir. Pero, ¿y si no los pudiera percibir, por tener algún factor genético/molecular que lo impidiera? Creo que, en este caso, cuando la medicina científica se muestra ineficaz en una persona, es legítimo aceptar que esta busque terapias complementarias, sin caer en engaños. Y me parece que ambos aspectos son importantes: usar las terapias naturales como alternativas, abandonando la medicina científica, es, en cierto modo, suicida, ya que supone rechazar todo el conocimiento objetivo con que contamos, como sociedad, sobre la enfermedad y su curación. Sin embargo, para usar estas terapias como complementarias, debería educarse a la gente en qué es una terapia complementaria, cuya eficacia es posible de manera idiosincrática, pero difícil o imposible de estandarizar o demostrar, y qué son terapias anticientíficas, contrarias al conocimiento de que disponemos, cuya eficacia no es solo imposible de demostrar sino improbable de existir.

Y aquí esta primero Conversación. ¿Qué añadirían ustedes?

Ejemplar de sauce blanco, de cuya corteza se extrae el ácido salicílico, principio activo de la aspirina.
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Un comentario en “Conversaciones biotecnológicas, I. La medicina alternativa.

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