El 17 de marzo de 1521, por aquel entonces día de San Lázaro1, el explorador portugués Fernando de Magallanes ponía el pie en la inhabitada isla de Homonhon, entre las hoy filipinas islas de Cebú y Mindanao. Que sepamos, era la primera vez que un europeo pisaba el archipiélago. El siguiente 31 de marzo, Magallanes plantaba solemnemente una cruz en la isla de Limawasa, reclamando para la corona española la soberanía del que había llamado Archipiélago de San Lázaro. Esta había sufragado el viaje de Magallanes con la esperanza de encontrar  una vía marítima a las Indias por el oeste, ya que el Tratado de Tordesillas (1494) entre España y Portugal reservaba a este último país el derecho a la navegación hacia Extremo Oriente circunvalando África.

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Pintura de la primera misa celebrada en Filipinas, la mañana antes del plantamiento de la cruz por Fernando Magallanes. Pintada por Botong, muralista modernista filipino (fuente).

Aquel fue el comienzo de la intervención europea en los asuntos de los filipinos, que tuvo como consecuencia temprana la muerte del propio Magallanes en la batalla de Mactán. Más adelante y tras algunas expediciones a las islas, el entonces rey Carlos V se desentendió de aquellos territorios, centrándose en la política europea y cediéndoselos a Portugal mediante el Tratado de Zaragoza (1529). Sin embargo, su hijo Felipe II, de quien (primero) la isla de Leite y luego todo el archipiélago habían recibido el nombre, renovó el interés español en Filipinas y llevó a cabo la conquista y colonización efectiva del territorio.

A partir de ese momento, en Filipinas siguieron más de 250 años de dominio político español bajo el virreinato de Nueva España (que se acabaría independizando como Imperio Mexicano) y otros 50 directamente bajo mandato de la metrópoli española, hasta la revolución filipina de finales del siglo XIX. Esta revolución, que estos días se cuenta en la serie de TVE El ministerio del tiempollevaría  al traspaso del archipiélado a Estados Unidos en el Tratado de París (en 1898, y por el que España también perdía Cuba),  y a la definitiva independencia del país en 1946.

Sin embargo, trescientos años de convivencia entre españoles y filipinos en el archipiélago dejaron su rastro. Algunas palabras del idioma filipino (tagalo) son de clara procedencia española (como kabayolokogwapo), como algunos platos la gastronomía típica; y la élite del país sigue dominando el español, según explicaba hace unos años Carmelo Mesa Lago (U. Pittsburgh).

Pero hay más: el español goza de un estatus especial, junto con el árabe, entre las lenguas no oficiales. Y más de un millón de filipinos hablan una lengua mixta, descendiente a la vez del español y varias lenguas filipinas: el chabacano, de cuyas variantes el zamboangueño es la que goza de mayor salud.

Vista desde el mundo hispano, esta lengua (de nombre desafortunadamente despectivo), es bastante curiosa, ya que en ella reconocemos palabras españolas con otras filipinas y construcciones totalmente ajenas a nuestra lengua. Por ejemplo, Yo ya-conversá contigo, que quiere decir Yo he hablado contigo. No en vano, el chabacano es una lengua criolla, es decir, un idioma natural surgido a partir del contacto de diferentes lenguas en personas que tienen un desconocimiento casi total de alguna de ellas (por ejemplo, esclavos africanos hablantes de diferentes lenguas del continente que se vieron obligados a comunicarse entre ellos y con sus captores ingleses, franceses, españoles…).

Se conocen alrededor de cien lenguas criollas en el mundo, aunque solo tres están particularmente influidas por el español. Son el chabacano filipino, el palenquero colombiano y el papiamento de las Antillas Neerlandesas, que también está particularmente relacionada con el portugués.

Por su propia historia, las lenguas criollas suelen compartir rasgos de simplificación lingüística con respecto a las lenguas de las que toman sus elementos. En el plano fonético, esto se puede observar, por ejemplo, en el propio chabacano, en que las voces españolas se han conservado con yeísmo (pronunciación de ll como y) y seseo y, además, se han perdido en gran parte las diferencias entre lr (dando lugar a palabras como polqui, «porque», en alguna variedad).

También lo podemos observar en el plano morfológico. Las conjugaciones verbales españolas se han perdido en chabacano, quedando solo tres partículas que marcan el tiempo verbal: yo ta-andá significa «yo ando / voy andando»; tu ya-andá, «tú anduviste», ele ay-andá, «él / ella andará». El plural sí se mantiene, pero se ha perdido la manera española de hacerlo, siendo sustituida por una partícula filipina: el libroel mga libro («los libros»). En otros aspectos, la mezcla entre elementos españoles y filipinos es aún mayor, como en los pronombres personales, en que a yotuele, de procedencia española, se unen kamé/kitá («nosotros»), kamó («vosotros») y silá («ellos»), de origen filipino.

Para hacernos una idea general de cómo suena el chabacano, basta con leer algunas frases, como las que recoge el estudioso de las lenguas criollas, John M. Lipski. Incluso, hoy en día podemos oírlo de verdad sin movernos de la silla.

Trenta’y cuatro kilometro desde na pueblo de Zamboanga, Bunguiao un diutay barrio, estaba como un desierto. No hay gente quien ta queda. Abundante en particular de maga animal como puerco, gatorgalla, venao y otro pa. Maga pajariador lang ta puede visita con este lugar.

«A treinta y cuatro km. de la ciudad de Zamboanga, Bunguiao es un pequeño pueblo, que estaba casi despoblado. No quedaba nadie. Había muchos animales, como venados, jabalíes, tigres y otros más. Hasta los cazadores de pájaros podían visitar este lugar.»

Sin embargo, los españoles comenzaron a abandonar el país filipino tras
la revolución de finales del siglo XIX. El inglés se impuso como lengua colonial y, tras la independencia de 1946, las aproximadamente 150 lenguas filipinas (muy relacionadas las unas con las otras), retomaron su importancia a nivel político y social.

Wikimedia Philippine Language groups
Principales grupos lingüísticos de Filipinas (fuente).

A pesar de ello, para algunas de ellas fue demasiado tarde, ya que desaparecieron por el camino, haciendo que los filipinos perdieran para siempre esta parte de su riqueza cultural. Lo mismo pasó con el alfabeto baybayin, derivado en Filipinas a partir de los alfabetos bráhmicos de la India a partir del siglo XIII y desaparecido a finales del XIX.

Wikimedia Philippine Alphabet Baybaying.jpg
Libro cristiano escrito en español y tagalo, en alfabeto baybayin (fuente).

Filipinas es un ejemplo de cómo el contacto entre culturas, que en su versión más moderna y extrema conocemos como globalización, puede ser positivo para la riqueza lingüística y cultural de una sociedad, aportando nuevos elementos e incluso llevando a la aparición de nuevas tradiciones y elementos culturales como las lenguas. Sin embargo, también puede ser negativo, llevando a la destrucción de los elementos autóctonos, consecuencia que puede ser irreversible.

Parte de la riqueza cultural filipina, como hemos visto, está perdida, pero en nuestras manos, como sociedad global, está mantener la que aún nos queda, allí y en el resto del mundo.

Notas

  1. No he encontrado una referencia para este dato en particular, aunque sí lo he leído sin referenciar (en Wikipedia). Además, el 17 de marzo es el día de San Lázaro en las iglesias ortodoxas orientales, por lo que es probable que el Martirologio Romano cambiara la celebración al 17 de diciembre en fecha posterior.

Para seguir leyendo

  • De Jesus, RJH, y De Lario, D. Re-shaping the World: Philip II of Spain and His Time. (2010): 429-434.
  • Lipski, JM. (2014). Las lenguas criollas de base hispana. Lexis 28(1-2): 461-508.
  • Lipski, J. M. (2010). Chabacano y español: resolviendo las ambigüedades. Lengua y migración 2(1): 5-41.
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Un comentario en “«Yo ya-platicá contigo»: el filipino autóctono que hablamos todos los hispanos.

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