Ayer, eran de obligada visualización los repectos discursos «de la victoria» y «de la concesión» de Trump y Hillary Clinton, respectivamente.

Sorprende en el discurso de Trump que felicita y alaba a Clinton como mujer que ha trabajado mucho por el país y luchado duro en la campaña. Sin insultos ni referencias a los correos por cuya causa ha amenzado con encarcelarla.

Habla Trump de “unificar el país”, lo cual puede leerse desde la superación  la división entre republicanos y nacionalistas, a la que apela claramente… pero también desde, en vistas de su campaña plagada de xenofobia, una “unificación” literal, un Estados Unidos sin “no estadounidenses”, un Estados Unidos blanco como el que le ha votado en masa, sin hispanos, sin afroamericanos, sin inmigrantes… una paradoja inmensa para un hombre cuyos cuatro abuelos nacieron en Europa.

Trump destaca que su “movimiento” está compuesto de “hombres y mujeres” de “todas las razas, religiones, backgrounds y creencias”. Una vez más, cuesta creerlo en vista de su campaña. Además, faltan claramente dos grupos en comparación con el discurso victorioso de Obama y el concesivo de Hillary: el colectivo LGTB+ y los discapacitados. Ellos no forman parte explícita de los “Estados Unidos” de Trump. Otra mala señal.

“La gente olvidada de América dejará de estar olvidada”, dice Trump apelando a las clases bajas y medias. Y el público se excita. Su discurso es el sueño americano elevado a la enésima potencia, explotando el sueño de su electorado, que quizá vea en Trump la cristalización del “hombre hecho a sí mismo”, a pesar de las grandes ventajas y herencias de Trump que tanto lo alejan de esta clase media.

Trump habla literalmente de reconstruir el país: ciudades, autopistas, “hospitales”, su gran promesa económica que, francamente, recuerda a los fallidos planes económicos del pasado español, y termina su discurso en clara caída, con una ronda de agradecimientos personalistas que podrían formar parte de un discurso de graduación y que están en las antípodas del estilo que mostraban Obama o Clinton en sus respectivos discursos.

El 45º presidente de los Estados Unidos comenzaba su discurso sorprendiendo por las buenas maneras que lo alejaban de esa otra versión de sí mismo, centrada en el odio, el insulto y el desprecio, que habíamos visto en la campaña electoral… Pero lo acababa con poco estilo, recordando que, en todo caso, es una persona poco preparada para la política, máxime para el puesto que ostentará.

Una cosa está clara: se acercan tiempos inciertos… que posiblemente sean malos para muchos.

Discurso de la Victoria de Trump.

Discurso de Concesión de Hillary Clinton.

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